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y a la izquierda estan los articulos publicados y las nuevas entradas....salud!!!

No llamamos Otoño al fin del verano, ni llamamos verano al comienzo del Otoño (Genjo Koan)

“Aprehender el Tao con el Cuerpo”, es la practica de las Artes Internas de Movimiento Chinas
de la Nei Chia Ch’uan Shu, en el contexto y campo de la practica del Zen tradicional y el Tao.

Es una expresión de las enseñanzas del ShiFu Yuan Chueh y la Chin Lien Chia,

la Escuela Ch’an (Zen) del Loto Dorado de China (del Linaje de la Realización Completa)

y el ShiFu Augusto Al Q’adi Alcalde (Roshi), a quien Yuan Chueh autorizo plenamente como guía y

sucesor en su Linaje en el año 1974


Augusto, respondiendo a las sugerencias de su maestro Zen en la Isla de Oahu, Hawaii, reincorporo las Artes Internas del Movimiento a sus propias enseñanzas en el Linaje Soto-Rinzai Zen,en el que el mismo es un sucesor dharma.

En el Zendo y Dojo original de la Isla de Oahu, en la Nacion de Hawaii, del valle de Manoa, se realizaron regularmente y por muchos años intensivos, encuentros,retiros, enseñanzas y practicas guiadas por Augusto tanto como por sus estudiantes avanzados.

También continuaron estas actividades en el Dojo del valle de Palolo,

también en la Isla de Oahu, en la Nación de Hawaii.


Contacto: saludrebelde@yahoo.com.ar

© internacional 1984 Por Augusto Al Q’adi Alcalde


lunes, 11 de octubre de 2010

Sabado 16 de octubre: Actividades en el Dojo de Cordoba

Zen:
Que otro tiempo o momento hay que no sea ahora?
Dogen Zenji

El Sabado 16 a las 16 hs habra un evento abierto, en el marco del aniversario de la Fundacion Shanti Om,
en calle Ciudad de Esteco 3314 (a la altura de Bv los Granaderos al 2250-Barrio La France),
en la que haremos actividades relacionadas con la practica del Zen en Movimiento.

Habra una exibicion de un corto sobre esta practica en China, sus origenes y actualidad,
desde el Shao Lin hasta el momento presente en nuestro lugar y cultura.

Habra una corta ceremonia de "apertura del Dojo" y un sencillo homenaje a la presencia
de Robert Aitken Roshi, mi maestro Zen de Hawaii, recientemente fallecido.

Habra una clase abierta de introduccion a la practica y el estudio del Zen en Movimiento.

Y bueno.... va a estar bueno y distendido....
Traigan ropa comoda y buenas preguntas...

Para mas info acerca de la orientacion de esta practica del Zen, pueden consultar el sitio web http://zenenmovimiento.blogspot.com/
Hago llegar en este mail, asimismo, mi agradecimiento a la Fundacion, por facilitar el espacio durante tantos años
para que este pequeño Dojo exista....
Un abrazo y los/as espero
Augusto

Estaria bueno confirmen asistencia, para coordinar los espacios....


sábado, 9 de octubre de 2010

Budhismo y Compromiso Social


Comparto con ustedes una entrevista de agosto de 1997ubicado en la revista "buscadores de la verdad los Fritz Guestalt".La acabo de encontrar acomodando viejos papeles en casa, y me resultó interesante

y 13 años después, aún la siga sintiendo como semilla.

Y es así como la comparto con ustedes, como una semilla.

Salud!

Augusto

Budhismo y Compromiso Social

Durante una extensa charla con Ricardo, el Guia budista Augusto Alcalde, Sucesor Dharma de Robert Aitken Roshi, de Hawai, se refirió al polémico tema del budismo y su relación con lo social.

Augusto, que vive en Rio Ceballos (Córdoba) vive y enseña en el "Dojo del Puente de Otoño" (http://zenenmovimiento.blogspot.com).

-¿En qué consiste "la práctica" dentro del budismo Zen?

-En nuestro camino laico, no monástico, involucra la practica grupal, o sea juntarse con un grupo para compartir la forma de atención que llamamos Zazen. Involucra a su vez la práctica cotidiana, que en nuestro caso va a suceder en forma individual, porque no vivimos en un monasterio, implica una cierta dedicación de estudio, periódicas visitas de verificación con tu propio guia, y creo que implica una actitud de dedicación especial.

No es una corriente que funcione como un hobby, o algo para solucionar la cuestión puntual. Es una práctica que funciona de por vida.

-¿Y por ejemplo, la práctica del "dar" o del servicio a los demás?

-La primera afirmación concreta del estudiante Zen en sus votos de Bodhisattva, es "a los innumerables seres hago el voto de liberar". No está hablando de su propia liberación. Está hablando de la liberación de todos.

Esto implica necesariamente una aplicación concreta de esa comprensión y de esa práctica, que podemos llamar social.

Yo no creo en el sentido "salvaciónista" o mesiánico, de ir a salvar a un ser, sino en el sentido de comprender que uno está, es, conjuntamente con esos seres, y que o se produce esa liberación de todos los seres, con nosotros adentro, o no se produce nada.

-Sí, porque hallo la idea de la práctica budista muy enfocada en la propia realización. ¿Esto sería erróneo, verdad?

-Yo no sé de dónde sale esa idea. No hay ningún elemento en la tradición o en la doctrina que realmente apunte hacia ello.

Mira cuál es el primer acto de Sidharta Gautama, conocido como el Buddha, esto es: el despierto, después de su experiencia de realización debajo del árbol Bodhi. Su primer acto es levantarse ir a buscar a sus viejos amigos para compartir esa experiencia y crear un movimiento que se llamó la Sangha de Buddha: la Comunidad del Despertar.

El impulso de compartir es, yo creo, el punto primordial dentro del Buddhayana, el Camino del Despertar. Por otro lado, históricamente, la cuestión del budismo en Asia, es una historia de resistencia a los llamados Tres Venenos: codicia, odio e ignorancia, representados por el sistema de turno.

Y aún en nuestros días tenemos los registros, desde el budismo en Tailandia, en Burma, en Malasia, resistiendo gobiernos militaristas y autoritarios, teniendo desaparecidos, muertos y torturados entre los budistas, monjes y maestros.

Esto no sería así si fuera simplemente una búsqueda hacia lo interno. ¿Qué más quieren estos tres venenos, codicia, odio e ignorancia, expresados a través del gobierno de turno, en un sistema, que una persona vaya a una cueva, y se dedique a contemplar su propio ombligo, y deje al resto el camino abierto hacia la explotación?.

Es otro enfoque, simplemente un modo velado de apoyo a los poderes de la explotación, la discriminación y la guerra.

-Pero eso es, en general, lo que se presenta. Recuerdo, por ejemplo, la película "pequeño Buddha". Se muestra todo el proceso de la búsqueda de Buddha, hasta que culmina en la experiencia de la iluminación, y se corta. ahí, cuando comenzaba a lo más interesante...

-Bueno, yo lo he visto esa película de la voy a ver. Su título es suficientemente claro: "pequeño Buddha". (Risas)

-Vos hablabas de explotación de los diferentes sistemas. Y en estos tiempos de neo-liberalismo, el Zen, como un camino de vida y como camino de liberación, en respuesta a este contexto, ¿qué es lo que tiene al aportar?

-Yo creo que lo que tiene para aportar es eso que llamamos el impulso a compartir. A compartir con todos aquellos que estén activamente involucrados en resistir a esa fuerza de los tres venenos, que están tan claramente identificados en el budismo, más allá de todo tipo de sectarismo, o de divisiones de creencias o de dogmas.

Viene a mi mente la canción de Leon Gieco que dice "... en esta globalización todos los globos se revientan".

Quizás la tarea del budismo, si es genuino, es estar presente colaborando en el momento en que se revienta el globo de la codicia, el odio y la ignorancia, y que finalmente se pueda establecer lo que en el budismo se llama: La Tierra Pura, en donde esos venenos no existen.

Existe un mito en nuestra propia cultura que resuena muy claro con ello, es el mito de los Guaraníes, el de la "Tierra sin Mal", la tierra en la que no hay sufrimiento, y por lo tanto en ella no existían la explotación, la miseria y todo lo demás.

Y los Hermanos Originarios no la veían en un mundo por venir, lo veían en este mundo.

Al punto que en esa época había dos mitos confrontados por estas tierras. Por un lado, los españoles con todo el mito de El Dorado, buscando el oro, y por otro los hermanos guaraníes, y sus etnias hermanas, en la búsqueda de la Tierra sin Mal.

Creo que ese impulso de la tierra sin mal o de la tierra pura es un impulso inherente al ser humano.

-¿La utopía?

-Si, la utopía en el sentido correcto de la palabra.No implicando por ello algo irrealizable o ilusorio, sino algo posible. Tomás Moro lo planteaba como algo posible. Y yo creo que lo es.

Es más, creo que nunca en la historia de la humanidad estuvo más vigente en la necesidad de utopía que en estos momentos.

-Parece ser que si en este momento nos quedamos sin utopía, nos quedamos sin nada...

-Sí, cuando la utopía no pia, comienza a graznar, y los cuervos de la muerte están entonces cercanos. (Risas)

-¿Y eso de quien es?

-Mío. Creado justo ahora. (Risas) fíjate, hay precedentes en la cultura china o japonesa (cuando es la globalización no existía y teníamos realidades locales) y en un pueblo buen una ciudad ocurría un desastre natural, por ejemplo inundaciones, y se habían perdido las cosechas, ¿qué hacían los monjes?

No salían a hacer plegarias o a incrementar su práctica de meditación, sino que simplemente se cancelaron todos los períodos de retiro, de práctica intensiva, y se sabía ayudar a la gente con su campo, a levantar sus casas, al reconstruir los puentes que habían sido golpeados, a hacer cosas concretas.

Yo creo que eso es el budismo.

-¿Cuál es la idea de libertad para el Zen?

-La idea de libertad está frecuentemente interrelacionada con esa percepción de la red de todos los seres, en contraposición a la libertad de la que a veces se habla en el mercado. Que es la supuesta libertad personal de hacer lo que uno quiera.

Esto es bastante ilusorio porque esa libertad que se afirma existente no es tal.

Uno no hace lo que uno quiere, sino lo que sus propios condicionamientos socio-políticos-culturales le dictan.

-A partir de esto que estás diciendo, ¿la libertad en cuanto a poder elegir sería algo ilusorio?

-Si. Existe si estamos en contacto con nuestra verdadera necesidad.

Nadie que esté realmente en contacto con su verdadera necesidad como ser humano vivo, puede actuar desde los llamados tres venenos.

Éstos no están en la necesidad. Están a través de un impulso posiblemente viciado y espurio de esa necesidad, tamizada a través de todo lo que recién llamaba "condicionamientos socio-culturales mecánicos a través de la memoria y del temor.

Cuando a través de la practica Zen esa necesidad está clara, no puede no ser otra que la de la liberación de todos los seres.

Entonces sí, tengo la libertad de elegir. Pero voy a elegir aquello que es necesario, no sólo para uno mismo, sino para el proceso de toda la vida.

Lo cual, sí creo es libre en un sentido esencial y profundo.

Podrías haber elegido lo otro...pero a su vez es algo que no necesariamente puede ser llamado una elección.

Es algo que es tan obvio que lo haces como si ves a tu hijo cruzando la calle con el semáforo en rojo. Va a correr y vas a sacar a tu hijo o a cualquier niño.

Es una elección, pero tampoco es algo que puedes dejar de hacer.

Está en la naturaleza, pero de algún modo, eliges. Y esa es nuestra responsabilidad: "habilidad para responder".

-Ayer veía un vídeo de tributo a John Lennon, y pasaban el casamiento con Joko Ono.

Invitaron a la prensa-ellos en la cama-y armaron una movida por la paz aprovechando la presencia de los medios. Me despertaba mucha nostalgia por esa época, donde aparentemente todo estaba muy vivo.

Vos que fuiste protagonista de esa generación, ¿cómo vivís este momento?

-Hasta hace unos años, bastante conflictivamente, porque sentía que realmente algo se había apagado en comparación con el Mayo francés del 68, el Poder Negro, el movimiento hippie-antes de ser manipulado por el sistema-la contracultura, las rebeliones estudiantiles en Latinoamérica, inclusive en argentina, Chile o Uruguay.

-Los movimientos por la liberación ...

-Los movimientos por la liberación de esa época, el poder negro, por ejemplo si vemos todo ello, yo sentía que se habían apagado muchas cosas, y que habíamos entrado en una especie de conformismo, y cuando miraba alrededor mío, veía entre la gente de mi generación quedaban pocas que pensaran y siguieran actuando en función del cambio.

Veía a mi alrededor o gente que se había quebrado en sus principios, y estaba exausta, o yuppies totalmente asimilados al sistema. Arrepentidos entre comillas. Pero no veía otras cosas.

En el correr de estos últimos años he cambiado bastante mi visión, porque creo que en estos momentos, los movimientos de resistencia a esos tres venenos, en todos los campos, están vivos, y actuando. Y tienen una envergadura quizás mayor que en aquella época, solo que es menos obvia.

Y existe una conspiración del silencio en los medios de comunicación, que hacen que las noticias, a pesar de la globalización, no sean transmitidas cuando no le conviene a la CNN, o a alguna de las multinacionales de la información.

Entonces se nos plantea la situación erróneamente, y el riesgo es que gran parte de la población mundial ha llegado a creer que todo el resto ha caído. Y que lo único viable y posible es lo que está sucediendo ahora, con fallas o no, pero que el neoliberalismo y este sistema de capitalismo despiadado es lo único posible.

Yo creo que para qué eso se haya instalado en la mente y en el corazón de gran parte de la población del mundo, tiene que haber ocurrido un bloqueo de la información sobre los movimientos de resistencia en las alternativas que ellos están ofreciendo, cuya comunicación es mucho más horizontal y funciona en otros niveles. No sabíamos nada de Chiapas hasta enero del 94, y habían estado trabajando por 10 años. No sabíamos nada de Kabila en el Congo, y estaba trabajando desde la época de él Che Guevara en Angola. Y asi en mas.

No sabemos qué está pasando con el movimiento negro, no sabemos qué está pasando con los latinos en los países en que son inmigrantes, y son discriminados. No sabemos, realmente, que es lo que está pasando en nuestros propios países de Latinoamérica, en Asia, en África, porque sencillamente la información no está llegando.

Pero algo está pasando.

-Has mencionado a Chiapas y el movimiento que lleva al poder a Kabila. En ambos casos están presentes las armas y la violencia. Como budista, ¿cómo ves el tema de las armas y de la violencia desde la posición budista?

-No quisiera solamente nombrar los movimientos armados. Creo que hay otros movimientos que también están trabajando por un cambio.

Rescataría la experiencia de Cuba como ejemplo de resistencia digna a la presión internacional del sistema, y hoy no es un movimiento armado.

Y con respecto a la violencia, es una palabra que despierta un montón de analogías y asusta.

Y creo que es una de las más manipuladas por el sistema.

Es llamado "violencia" un corte de ruta en nuestro país. Es un acto violento y dicen punible por ley.

Pero sin embargo, no es considerada violencia el estado de opresión y despojo al que se somete a esas mismas personas que van a cortar las rutas.

Este proceso de opresión y despojo ocurre dentro de un marco legal.

Y allí podemos decir, y acá no estoy hablando como representante del budismo, que eso ocurre dentro de lo legal.

Pero no es en modo alguno legítimo.

Yo creo que estos dos puntos y la interrelación de lo legal y lo legítimo es importante, porque a veces, lo legal está determinado de arriba para abajo, desde el sistema está oprimiendo y está explotando a través de eso tres venenos.

Se formula así lo legal para la protección de lo ilegítimo.

Si lo legítimo es mi derecho a salud, casa, educación, a criar a mis hijos, a la paz, a la dignidad como ser humano, si esto es lo legítimo para todo ser humano, y así lo creo yo, lo ilegítimo es el proceso de explotación.

Frente a eso, los seres humanos en diferentes culturas, y en diferentes épocas, han reaccionado del modo que les pareció legítimo y posible, y yo no quiero abrir un juicio al respecto, ni quiero señalarle a aquel que está pasando por una situación de opresión o despojo, como debe ser su modo de actuar.

Confío en la honestidad de su corazón y de su lucha, y en que desde ahí va a hacer lo legítimo.

Desde la honestidad del corazón de aquel que están resistiendo elegirá el medio más legítimo para oponerse.

Si eso sucede dentro del espíritu del budismo, en el cual estamos hablando de la liberación de todos los seres, con la intención de no causar sufrimiento, ni aún a nuestros enemigos, yo creo que estamos hablando de budismo y la acción, estamos hablando de Zen en Movimiento, cualquiera sea el nombre desde el cual esta acción sea llevada a cabo.

Augusto Alcalde: saludrebelde@yahoo.com.ar



sábado, 18 de septiembre de 2010

A pesar de mi misma: Anne Hopkins Aitken


Anne Hopkins Aitken

Fue llamada Anna Stinchfield Hopkins cuando nació en Cook County, Illinois en Febrero 8, 1911 (certificado de nacimiento #6407).

Anne le dijo a su marido, Robert, que su nombre fue cambiado más tarde (quizás cuando ella tenía seis u ocho años de edad) por qué Stinchfield no salía positivo de acuerdo a la numerología. Su madre, Marian Stinchfield Hopkins, había nacido en Detroit, Michigan, y tenía 25 años cuando nació Anne. Su padre, Lambert Arundel Hopkins, nacido en New México, era un trabajador ferroviario y tenía 29 años a la fecha del nacimiento de Anne.

Anne paso dos años, desde 1929 a 1931, estudiando en la Oxford University y se graduó del Scripps College in Claremont, California (B.A., English, 1932). Luego prosiguió un masters degree en sociología, primero en la Stanford University en 1933, y más tarde en la Northwestern University, entre 1940 en 1942.

Aparte de los años en Oxford, ella también vivió en Inglaterra en el año 1937, y muchas veces en su vida viajó a Suiza, Finlandia, Francia, Alemania, España, Japón, Italia y bastante a Sudamérica.

Ella estaba viviendo en las habitaciones de la Honolulu Diamond Sangha in Pālolo, Honolulu, Hawai‘i,, cuando se enfermó con síntomas de gripe y luego murió de un ataque coronario dos días después, el 13 de junio de 1994.

Por esas cosas de la vida, me tocó estar allí, enseñando y aprendiendo junto a Robert Aitken Roshi, y así, el impacto de la muerte de esta persona, que fue tan importante en mi vida y en mi práctica, una amiga, compañera, madre, "musa inspiradora", mi "Diosa" (Godess) como solía decirle bromeando a través de los muchos años en que fui afortunado de compartir su presencia, el impacto fue fuerte, y sentí a partir de allí que algo, relacionado con "lo femenino", en ese valle y en esa práctica, y muy probablemente tambien en mi mismo, simplemente había volado.

Queda abierta la necesidad y posibilidad de nuevamente evocarlo en nuestras vidas y practicas.

Ella tenía 83 años en ese momento, y su presencia aún perdura, estoy seguro, como inspiración, en muchos corazones y caminares, así como en los míos.

Realmente había una Sociedad Dharma de compañía y amor entre ella y Robert Aitken Roshi. Y la hubo por muchísimos años, y estoy seguro de que prosiguió aún después de su muerte. Ésta posiblemente comenzó durante el viaje de bodas a Japón, vivencia que ella misma describe en el artículo que humildemente traduzco aquí. Y luego en 1959, ella fue una base fuerte que ayudó a fundar el Zendo Koko An, otro lugar histórico y entrañable en el que me tocó vivir, practicar, y que aún existe en mi corazón muchos años después de su desaparición como centro Zen.

Ojalá ese Koko An Zendo original renazca en muchas tierras y corazones, brotando de las esporas que seguramente lanzo al viento del Dharma.

Alguien me dijo, según tengo en mis notas de viaje, es esos tiempos, que Anne "transmitía su comprensión del Zen mediante su presencia, y su caminar flotante y danzado, sus palabras de aliento y de bienvenida, tan claras y consistente a la vez que íntimas, que era como un abrazo, ella sentía que un corazón hermoso, cosas hermosas y acciones hermosas, estaban todas hilvanadas como las cuentas de un collar, su serenidad, humor y perseverancia, esas fueron sus enseñanzas. Evitaba los halagos, aun los sinceros, y sentía que lo que podía ofrecer eran los dones del servicio y la lealtad. A ella le gustaba estar detrás de sí misma y su entrega final fue la de su candor acerca del fin que se acercaba. Ella decía a menudo acerca de la muerte "estamos esperando en una parada de ómnibus, nuestro ómnibus viene, y simplemente lo abordamos..."

En estos tiempos cercanos a la muerte de Aitken Roshi, a 16 años de que "tomara su ómnibus", recuerdo con inmensa gratitud y amor y alegría a Anne Hopkins, así como al viejo Koko An Zendo.

Vaya como agradecimiento y homenaje esta humilde y sentida traducción de una de las pocas cosas publicadas su autoría.

Augusto Alcalde

Septiembre 18 de 2010

saludrebelde@yahoo.com.ar

A pesar de mi misma

Anne Hopkins Aitken

Es sólo recientemente que me he hecho íntimamente consciente de que el corazón del Zen yace la compasión.

Y con esta realización devino cierta comprensión de las influencias, la mayoría de ellas pasando desapercibidas como tales, que me guiaron al Zen.

Uno de mis recuerdos más tempranos es de estar arrodillada frente a una ventana abierta del dormitorio, en una helada y oscura mañana, mucho antes de que fuera tiempo de levantarse. Del otro lado del jardín, en una calle empinada, un hombre estaba entregando la leche que tenía en un carro de madera. Su caballo estaba forcejeando en nuestra colina helada, y él lo estaba apremiando con gritos y golpes de látigo para que siguiera adelante. Y debajo mío, mi madre en camisón corriendo afuera de la nieve, indignada por su crueldad, gritándole que se detuviera.

Esta conciencia de las necesidades y dolores de los demás, y el sentido de una responsabilidad personal de hacer algo, lo que uno pudiera, para ayudar, era una parte de nuestra norma familiar que se daba por sentada-no tanto una influencia como una reacción incorporada en nuestra estructura.

Estaba confinada dentro de los límites de una porción de la sociedad confortablemente situada y convencional. En esos tiempos, quizás mi madre nunca pensó en los problemas del lechero, la probabilidad de una familia temblando de frío en alguna vivienda inadecuada en medio de ese clima severo, dependiendo de que él usara los medios que pudiera para conseguir dinero para alimentos y carbón.

Pero la gentileza de su corazón y, quizás lo más importante, la aceptación inmediata de la responsabilidad personal, eran vividas en su acción.

La otra influencia fuerte en mi vida fue la actitud abierta de mis padres hacia la religión.

Aunque aparentemente convencionales en su pautas generales de vida, eso era enriquecido por el hecho de que eran buscadores religiosos.

Ciencia Cristiana, sesiones con mediums, numerología, escritura automática, misticismo cristiano, astrología, grafología, teosofía, guías espirituales, conferencias de Krishnamurti- todo eso era, en algún momento, parte de nuestras vidas mientras crecimos, y con distintos grados de tolerancia entre los cuatro niños, se daba por sentado asi como las colecciones de música y campamentos de verano en los lagos de Wisconsin.

No se nos trataba de imponer nada de esto, excepto quizás la astrología que mi madre tomó muy seriamente durante unos años, y por lo cual recibió bastantes bromas de sus irreverentes adolescentes.

Desafortunadamente un trabajo compartido en una escuela presbiteriana dominical cuando tenía alrededor de 12 años, me dejó con una sensación de que el cristianismo era una colección de historias más bien aburridas, y más tarde con una asistencia renuente a una iglesia episcopal para complacer a mi muy querida abuela, sólo me llegó como una serie de himnos insípidos no muy bien cantados y un anciano benévolamente divagando sobre algo impreciso desde el púlpito.

Ahora me sorprende que las cualidades místicas y dinámicas del cristianismo que podrían haberme tocado profundamente aún entonces, puedan haber sido tan completamente oscurecidas ya sea por sus propios proponentes o por mi propia y obstinada falta de respuesta atenta y sensible.

El interés de mi padre a lo largo de toda su vida, por la vida del espíritu, de fue la influencia más fuerte en mi propia comprensión religiosa.

Había abandonado el colegio superior después de terminar el primer año para ayudar a mantener a su familia, pero sí había educado pasando todo el tiempo libre en las librerías de segunda mano de Chicago, hablando con los dueños, fijándose a sí mismo cursos de lectura, y comenzando su propia colección de libros.

A través de los años, ésta creció hasta convertirse en una interesante biblioteca de una variedad poco común, incluyendo entre otras especialidades los libros de su propio interés particular, que abarcaban desde D.T. Suzuki, Vivekananda y Aurobindo hasta el Sufismo, y el misticismo, Charles Fort, y las teorías sobre la vida después de la muerte.

El interés de mi madre por la grafología la puso en contacto con una mujer quien, por dos dólares y un párrafo escrito a mano, daba de vuelta un análisis del carácter frecuentemente agudo y sorprendente.

Estábamos todos intrigados por esto, aunque algunas veces nos indignábamos enormemente porque algunos nuevos amigos se sometían al proceso. Mi propio análisis parecía bastante acertado, y terminaba con la frase: "tu alma esta siempre hambrienta, ¿pero con que la alimentas?".

A pesar de lo sentimental de la fraseología, creo que su intuición y la acertada.

Mirando hacia atrás ahora veo cuánto era lo que anhelaba, y sin embargo hubo muchos indicadores que ignore, puertas a las que eche una hojeada y luego pase de largo sin abrirlas, tantas experiencias de las cuales no comprendí el significado fundamental.

Sin embargo, en otro sentido esto también fue una preparación.

Debido al sentido de responsabilidad que mis padres como componente no mencionado de mi crianza, quizás sólo fue natural que, sin que me urgieren a ello, me involucrada en trabajo social

Cierto invierno en Londres, yo y la amiga con quien compartía un departamento trabajábamos en un pequeño centro de asistencia en el distrito pobre de Kesington, donde todas las jóvenes y la mayoría de los muchachos entraban a las fábricas a los 14 años. El director, un hombre joven esforzado y carismático, queria por sobre todo que probaran algo del mundo de las cosas hermosas, con la esperanza de agregarles una dimensión que tuviera un sentido perdurable en la vida monótona y los aguardaba.

Más tarde viví y estudié en un excelente centro asistencial en el distrito polaco del sucio sudoeste de Chicago.

El viejo y decrépito edificio en el que vivíamos y trabajábamos no sólo brincaba sobre el estrépito surgido del tren "L", que pasaba cada 20 minutos, día y noche, sino que estaba a mitad de un camino entre los corrales de ganado y el vaciadero de basura de la ciudad, y como solíamos decir, en una calurosa noche de verano ciertamente lo sabías.

Él Centro Gads Hill estaba dirigido por dos mujeres compasivas y absolutamente comprometidas, una de las cuales era profesora de sociología en Northwestern.

Tenían unas mentes agudas, un duro y vigoroso juicio al estilo Nueva Inglaterra, y un gran sentido del humor, una combinación invencible en esta difícil situación en que se hallaban.

Durante la Segunda Guerra Mundial, esas experiencias parecieron guiarme natural y progresivamente a convertirme en una trabajadora profesional de la Cruz Roja, en el sector de las enfermeras en bases del ejército y haciendo trabajo de recreación en hospitales de las bases; la mayor parte de mi experiencia fue en pabellones psiquiátricos y con casos de cirugía plástica, y descubrimos que, especialmente con la cirugía facial, estaba dentro de las heridas y psicológicamente más traumáticas, aún más que la ceguera.

Pero todo esto está lejos de ser una historia entera, y mirando hacia atrás me siento un tanto consternada, no por el tiempo que pase a la deriva sin otro objetivo que "divertirme" sino por los recuerdos de mis reacciones ensímismadas que me separaban de cualquier cosa que fuera algo más que una consecuencia superficial de las situaciones y de la gente, aún de aquellos a los que amaba.

Hubo períodos, mucho más largos que meros intervalos, en los que me movía en una corriente de búsqueda del placer, participando reuniones divertidas, cambiando trabajos ante un impulso, y en cierto momento hasta rechazando tanto la poesía como el misticismo, y mis anteriores compañeros íntimos, porque sentía que estaban en conflicto con mis intereses políticos más bien superficiales, y con la jovialidad de una vida bulliciosa en ese lugar y más tarde en la Ciudad de México.

Cuando terminó mi trabajo con la Cruz Roja, asistí durante dos años a la escuela de arte, y pase y los tres años siguientes en México.

Fui con algunos artistas amigos, y pronto formamos parte de la colonia de expatriados en el hermoso y pequeño pueblo de San Miguel de Allende.

Allí había una especie de escuela de arte, pero pocos de nosotros estábamos pintando muy seriamente. Era otra vez la búsqueda del placer, la libertad de hacer exactamente lo que queríamos en el momento en que nos daba el impulso, ésa era la tendencia dominante de nuestros días.

Después de tres años de esa libertad, me encontré aburrida más allá de lo inimaginable y para asombro de la mayoría de mis amigos, decidí regresar a casa y-nada menos que-trabajar.

Tuve la buena fortuna de tener conexiones que me llevaron a una escuela co-educacional para pupilos (internados) en Ohio, California, donde enseñe e inicie un trabajo administrativo durante siete años; y allí conocí a Robert Aitken.

Por esos tiempos ya había recobrado mi relación con lo religioso y la poesía, y su interés por el Zen me atrajo inmediatamente.

Algún tiempo más tarde, mi padre me mostró una carta que yo le había escrito desde Inglaterra cuando tenía 18 años. Había terminado de leer un libro sobre Zen, y le escribí que ahora sabía que el Zen era el camino espiritual para mí.

No sólo había olvidado la carta, ya que aparentemente el pensamiento del Zen ni siquiera se cruzó por mi mente en los 20 años o más que siguieron a esta carta.

Bob y yo nos casamos en un mes de febrero, y ese verano fuimos a Japón en luna de miel, yendo directamente al monasterio de Ryutaku donde, hacía alrededor de siete años, él había vivido y entrenado.

Mi recuerdo es que llegamos el día anterior a un Sesshin de siete días al que Bob estaba ansioso de asistir.

Ni siquiera se planteó mi asistencia-era lo último que yo quisiera hacer de todos modos.

Habíamos hecho Zazen unas pocas veces en una pequeña habitación de nuestra casa de adobe en Ohio, y yo había mostrado las reacciones incómodas de un principiante no del todo convencida.

Los almohadones no eran cómodos, el incienso era muy fuerte y mi hacía toser y... y....

Estábamos bajo las tensiones del fin de año escolar, y Bob fue lo bastante inteligente como para no insistir con la cuestión.

Así que en Ryutakuji el abad, Nakagawa Soen Roshi, que había sido un buen amigo de Bob desde hacía un tiempo, siete años atrás, en que él había estado entrenando allí, hizo todo los arreglos para que estuviera cómoda en una pequeña habitación de huéspedes.

El angosto balcón miraba a un pequeño estanque y jardín, detrás del cual estaban los arces y pinos de la colina empinada contra la cual estaba construido el hermoso templo.

Consciente de que me sentiría sola, Soen Roshi me mandó regalos especiales de fruta y tortas, y me dio para que leyera cuanto libro tenía en inglés, e hizo arreglos para que su asistente personal del área en su bicicleta los 2 km que había hasta Mishima, para comprarme cualquier cosa que pudiera querer (pedi un poco de papel de arroz, tinta Sumie y un pincel).

Uno de estos libros me proporcionó una buena trampa.

Era una traducción del siglo XIX de algunos sutras y preceptos, y di con una sección que enumeraba los diferentes modos en que uno acumulaba mérito.

Por alguna razón ésa palabra "méritos" me provocó una fuerte reacción. ¿Acumular méritos? ¿En todo caso que era esto?

¿Era el Zen una clase de jerarquía superior de boy scouts que tenía como objetivo pequeñas estrellas doradas y una insignia de águila sobre un aleteante hábito negro?.

Con nadie con quién hablar que pudiera darme un marco de referencia razonable contra el cual mis inclinaciones pudieran rebotar, me entretuve en encontrar causas crecientes de irritación, no deteniéndome nunca a considerar que podía haber algún error en mis percepciones.

También estaba realmente trastornada por la idea del Kyosaku, al que, como la mayoría de los occidentales no familiarizados con el Zen, no podía visualizar de ningún otro modo más que como castigo.

La línea de Dokusan se formaba en el ancho pasillo del otro lado de los tabiques de la puerta de mi dormitorio. Quizás la madera de este edificio del siglo 18 estaba combada, o quizás no pude resistir y echar una ojeada, pero la escena era tan vivida, y mi impresión de los monjes arrodillados en fila, aguardando la campanilla distante, parecía contener una sugerencia ominosa de severidad y miedo, que los ocasionales gritos y golpes que llegaban de cuarto de Dokusan no contribuyan a disipar. ¡Qué equivocación!.

Entonces de pronto todo término, Soen Roshi apacible y amigable, los monjes relajados joviales, y "mérito" fue reducido a una interpretación sensata.

Pensé: quizás, después de todo no necesito sentirme tan precavida sobre este asunto del Zen.

Unas semanas más tarde, después de algunos viajes con Soen Roshi que incluyeron escalar el monte Fuji, (lo que me es todavía difícil de creer), era ya tiempo para un Sesshin al que todos estaban esperando.

Un anciano sacerdote muy especial, llamado Yasutani Roshi, iba a realizar el Sesshin en un pequeño templo campestre llamado Raikoji, al norte de Tokio.

Yasutani Roshi estaba a la cabeza de un pequeñísimo grupo laico al que nadie en los círculos "formales" del Zen prestaba mucha atención, y su propio templo no era más que una pequeña casa en algún barrio perdido de Tokio.

Nakagawa Soen Roshi era abad de un prestigioso monasterio.

Se decía por allí que su maestro, el abad anterior, había sido consultado por el Emperador, y el mismo tenía una reputación en todo el país de ser el mejor poeta moderno de Haiku de Japón.

Sin embargo, Soen Roshi iba a actuar como guía del Zendo (Jikijitsu) y como intérprete de Yasutani Roshi, algo inaudito, aún en alguien que siempre estaba haciendo lo más inesperado.

Nuestros viajes con Soen Roshi lo habían revelado como uno de los compañeros más deliciosos de viaje, quien, a veces silencioso y distanciado, podía ser cálido e inventivo, comunicativo y alegre, y cuya espontaneidad evocada lo inesperado de cada momento o situación, y también de cada persona.

Cuando llegó el momento de que fuéramos a Tokorozawa, el pequeño pueblo cuyo templo era Raikoji, Soen Roshi me miró con expresión lúdica activa y dijo: "por supuesto, no hay razón para que tú vayas a asistir al Sesshin. Hay una pequeña posada cerca...".

Así que manejamos arriba y abajo por las calles, buscando en vano la posada que quizás se había venido abajo o quizás nunca había existido.

"No importa" dijo Soen Roshi, "conozco un muy buen lugar en el que puedes quedarte estarás muy cómoda".

Así que cuando anocheció llegamos a una pequeña y prolija casa del pueblito, donde recibimos la más cálida de las bienvenidas de un médico que hablo con nosotros en un inglés vacilante, mientras su esposa y su anciana madre no servían de sus hijos miraban asombrados a los forasteros.

El médico había añadido recientemente a la casa una gran habitación para uso de su madre, y me fue otorgado el lugar honrado al lado del tokonoma (alcoba ceremonial).

Había bastante espacio para ambas, la anciana dama y yo, y aquí podía en verdad están muy cómoda mientras los demás estaban sentados en Sesshin en el pequeño templo del otro lado de la campiña.

Pero Soen Roshi, como siempre, tuvo la última palabra.

A las 3:30 de cada mañana la anciana dama se levantaba, y mucho antes de las cuatro ya estaba trotando o de locura sendero que llevaba al templo.

Simplemente no pude quedarme acostada allí, agradablemente envuelta en mi acolchado; esto sería muy humillante, y al segundo día yo estaba trotando ya a su lado.

El principal, y único, salón del templo era un edificio de una sola habitación de 8 m² y cerca había una casa muy pequeña. Esta pequeña casa consistía de dos habitaciones, una para el sacerdote resistente, la otra contenía un pequeñísimo ofuro (bañadera) y la cocina más pequeña posible, equipada con dos braceros de carbón.

En el terreno de atrás había un aljibe y un solo retrete.

El salón del templo estaba cerca de un río, y bajo una de sus paredes pasaba un sendero que era de uso público.

Como hacía calor, todos los shoji (mamparas) estaban abiertos.

Fui recibida sin sorpresa, y fui sentada en una dura silla de comedor tapizada en un terciopelo azul brillante, y me senté durante el Sesshin enfrentando los arbustos verdes del otro lado del sendero público, mirando cómo la gente que pasaba me miraba a mi.

En realidad esto es un poco exagerado.

Creo que los lugareños eran respetuosos del templo y de nuestros procedimientos, pero encaramada sobre esa silla justo encima del sendero, me sentía un tanto conspicua.

Por lo que recuerdo, no me importaba.

No quería hacer Zazen, y realmente no tenía idea de cómo hacer Zazen, y (por lo menos durante la mitad del tiempo) me decía continuamente a mí misma que no lo iba a intentar nuevamente.

Y sin embargo cuando iba a Dokusan con ese maravilloso anciano de ardiente vitalidad, y él enfocaba toda la energía de su frágil cuerpo en lo que me estaba diciendo, era imposible no conmoverse, y entonces a intervalos, comencé a intentarlo.

Mientras el Sesshin ganaba ímpetu y el espíritu de la Sangha se hacía más fuerte, comencé a sentirme más parte de él, más en armonía con el dedicado empeño de esos serios estudiantes en de todas las edades apiñados en esa única habitación pequeña.

El fin del Sesshin fue para mí un momento emotivo inesperado, con el reconocimiento de dos Kenshos, uno de los cuales había sido totalmente tranquilo, y el otro muy dramático.

Al participar en las reacciones de los dos estudiantes involucrados y en las de los otros miembros que se regocijaba con ellos, no pude dejar de comenzar a tomar conciencia de la profundidad e importancia de lo que había ocurrido.

Pero no fue hasta un año más tarde, cuando Soen Roshi vino a Los Angeles después de la muerte de Nyogen Senzaki Sensei y llevó a cabo el primer Sesshin en los Estados Unidos en el pequeño departamento de Sensaki Sensei, que comencé, todavía sin mucho entusiasmo, a tratar de hacer Zazen.

Tres años más tarde, cuando Soen Roshi volvió y dio su primer Sesshin en el Koko An original, alli si comencé a practicarlo de todo corazón.

Pasaron 12 años antes de que pasara mi primer Koan.

Ahora, mientras mi práctica se profundiza, sobre cada vez más consciente de cuan " vasto e insondable" es el camino del Buddha, y a la vez cuán simple.

Siento una gratitud más allá de toda palabra hacia mi maestro actual, Yamada Koun Roshi, que ha hecho lo máximo posible para alentarme en este camino.